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La “nueva normalidad” ha significado más riesgos  y mayor explotación para la clase obrera

A un mes de que se anunciara el inicio de la “nueva normalidad”, en medio de un alto grado de propagación del virus; sin haber contenido la pandemia o menguado su propagación, es necesario hacer un balance de lo que ésta ha significado para la clase obrera.

Podría esperarse que tal medida se sustentara en una política de salud pública que atacara el problema de fondo para controlar la pandemia. Sin embargo, la preocupación del Gobierno Federal y la Secretaría de Salud ha sido únicamente administrar la enfermedad en función de la debilitada estructura hospitalaria; lo que ha resultado en la continuación del crecimiento alarmante en el número de contagiados y fallecidos. Muestra de ello es la definición del "semáforo epidemiológico" y sus modificaciones, que reportan el nivel de saturación hospitalaria, más no el nivel de contagios y muertes. Los mensajes de los gobiernos estatales y federal respecto al semáforo "naranja" han significado el banderazo para la apertura de más empresas y la despreocupación de diversos sectores de la población, a causa de la confusión y el descredito de los mensajes gubernamentales. En su afán de justificar la reincorporación total de la clase obrera a las labores productivas y la sincronización de la "nueva normalidad" a los tiempos del TMEC, se sacrifica la salud de los trabajadores con pésimas medidas comunicacionales como la "nueva normalidad" y el "semáforo epidemiológico".

 

Esto confirma que el objetivo del gobierno (en sus tres niveles) es resguardar los intereses de los monopolios, a quienes les urgía la reactivación del ciclo productivo; y no proteger la salud y la vida de la población. La nueva normalidad implica el regreso de los trabajadores a sus centros de trabajo, sin importar el riesgo que existe de contagiarse de Covid-19. La Nueva Normalidad es la integración del riesgo del Covid-19 a otros riesgos de trabajo, pues al capital no interesa en absoluto si un proletario muere por un accidente industrial, sea un derrumbe en una mina, un incendio, una electrocución, o por contagio de coronavirus, siempre y cuando esté disponible para que se le explote y se le extraiga la plusvalía.

El gobierno argumenta que la política aplicada fue la mejor posible, presentándola como un “mal menor” respecto a otros posibles escenarios; pero en estos 30 días se ha triplicado la cantidad de muertos pasando de 10 mil el 1 de junio a más de 30 mil el 4 de julio y casi triplicando la cantidad de contagios de más de 90 mil a más de 252 mil, aumentando el promedio de contagios diarios de 400 a más de 700. Confirmándose todas las afirmaciones que nuestro Partido hizo hace un mes cuando se iniciaba esta “nueva normalidad”, lo que en los hechos ha significado más riesgos y mayor explotación para la clase obrera.

No obstante, que estamos entre los 10 países con mayor número de contagio, por la simple razón de que la clase obrera no puede “quedarse en su casa” cuando no tiene garantizada su subsistencia y debe salir a trabajar para no padecer hambre.

El regreso a las labores en un momento de alto contagio es la muestra de la irracionalidad del sistema económica capitalista, pues la riqueza generada permitiría el resguardo de los trabajadores en sus casas con derecho a los bienes de consumo necesarios para su subsistencia; no obstante la apropiación privada de la riqueza en las manos de los monopolios que de por sí condena a grandes masas de trabajadores al hambre y el desempleo, hoy condena a los trabajadores a sacrificar su salud al objetivo de la máxima ganancia.

Entre los sectores de trabajadores más afectados están los correspondientes al sector salud, cuya situación se agrava por la situación precaria en que laboran, producto de las rutas de privatización de la salud pública. Otro sector ampliamente afectado son los obreros industriales sin posibilidades de guardar las medidas sanitarias requeridas; tal es el ejemplo de los brotes de contagio surgidos entre los obreros de las maquilas del norte de la ciudad de México o en ciudades fronterizas como Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez.

El PCM condena la actuación del actual gobernó mexicano, que como gestor de los intereses de los monopolios decreta la “nueva normalidad” a costa de la salud y la vida de los trabajadores. Ante las acciones de este sistema de barbarie se reafirma que la única ruta que garantiza la existencia humana de los trabajadores es una sociedad donde no reine el interés de la máxima ganancia de los monopolios, sino el bienestar de los trabajadores: el socialismo-comunismo.

Llamamos a que ante la reactivación de las actividades laborales, se reactive también la lucha obrera-patronal, a no aceptar la recontratación con condiciones de trabajo inferiores ni salarios recortados; a agrupar a los miles de desempleados y trabajadores precarios; a no aceptar los recortes propuestos por el gobierno en medio de la emergencia sanitaria; a asegurar condiciones básicas de seguridad ante la pandemia.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de México