20 | 11 | 2018

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Karl Marx, nuestro maestro, el comunismo nuestro camino y objetivo.

Pável Blanco Cabrera

Primer Secretario del Comité Central del PCM

El 5 de Mayo de 1818 nació en Tréveris, Alemania, Karl Marx, quien desde muy joven se vinculó a la lucha revolucionaria del proletariado, causa a la que entregó su vida. Su legado es asumido por el Partido Comunista de México, empeñado en abrevar de sus posiciones, su ejemplo, su conducta. En los últimos años hay de nuestra parte un acercamiento mayor a su obra, incluidos aquellos aspectos que generan polémica en el movimiento comunista latinoamericano.

 

Después de que en 1994 iniciara el proceso de reorganización partidaria en 1998 nos empeñamos en una jornada ideológica nacional con motivo del sesquicentenario de la publicación de El Manifiesto del Partido Comunista, con un acto propio en la Sala Lenin del antiguo Instituto México-URSS (luego México-Rusia) y un acto unitario con varias organizaciones en el Zócalo de la Ciudad de México. Poco a poco, y con grandes esfuerzos, se están reeditando sus principales trabajos para conocimiento y formación de la nueva generación de comunistas, lo que aumentó cualitativamente con la Editorial Revolución y su Colección Marxista. Sobre todo logramos una vinculación mayor con su obra teórica y práctica política al definir, defender y desarrollar las características de identidad comunista que nos afirman como fuerza revolucionaria, clasista e internacionalista, vanguardia de los cambios necesarios por el socialismo-comunismo.

Marx, el marxismo, el marxismo-leninismo, son el fundamento teórico de la acción revolucionaria de la clase obrera, del partido comunista. Rendirle homenaje en el bicentenario de su natalicio no es algo extraordinario, sino una consecuencia clara de la firme adhesión a sus ideas.

Una vida ejemplar

La vida de Marx, consecuente con sus posiciones filosóficas y políticas implicó una renuncia a una vida cómoda y sin zozobra que su origen de clase, y su gran inteligencia le aseguraban. Por el contrario transitó la senda de la lucha, y por consiguiente las consecuencias: la persecución, el exilio, la pobreza, la muerte de su hijo, la “conspiración del silencio” contra su producción teórica. Siempre contó con la solidaridad de Engels.

Destacamos el irrompible vínculo entre teoría y práctica, entre lo que se piensa y se hace, con el que Marx y Engels se esforzaron en todas las circunstancias por más adversas que fueran; también fue la conducta de Lenin, y lo es de todo aquel profesional de la revolución, y en definitiva contrasta y choca con los “marxistas de academia” y con todos aquellos que hoy viven del prestigio de Marx, deformando, mutilando y renegando aspectos esenciales del marxismo.

El marxista, el marxista-leninista, el comunista tiene que asumir los principios, las posiciones y las consecuencias, como Karl Marx. Su labor en la Gaceta Renana, sus críticas al Estado y a la burguesía enfrentaron la censura y la clausura de ese periódico democrático-revolucionario, enfrentó su primer exilio en París, pero no cesó su actividad, ni teórica, ni política. Por su colaboración con Los Anales Franco-Alemanes, por la agitación entre las asociaciones obreras, y por la persecución alemana, Marx recibió un ultimátum del gobierno francés para abandonar París en un plazo mínimo, con su familia. Así fue su periplo a Bruselas y luego a Londres. Insistimos, siempre con lealtad a sus ideas comunistas, sin doblegarse. Ese es el ejemplo de los militantes comunistas, distintos de los “marxistas de academia” que renuncian a los principios revolucionarios por su vida acomodada, sus becas, sus publicaciones en las editoriales prestigiadas.

Hay una operación para secuestrar a Marx en la academia; mutilando su obra, cercenando su naturaleza de clase, ocultando el partidismo en filosofía, la crítica científica a la economía capitalista de donde deviene  el derrocamiento del actual modo de producción y la construcción comunista, su carácter político militante;  para convertirlo en uno más de la teoría crítica, opción ideológica de la pequeñaburguesía: Marx contra Engels, Marx contra Lenin, Marx contra Marx, sin respeto, sin rubor. Y realizan arbitrarias selecciones del cuerpo teórico marxista. Quieren un Marx inofensivo, pero ello es imposible.

Marx fue un hombre de Partido. Su obra teórica ideológica no tenía el propósito de adquirir títulos, becas, sino de esclarecer el camino para la acción política de la clase obrera. Es un militante de la Liga de los Justicieros que con su concurso se transforma en Liga Comunista, de la Asociación Internacional de los Trabajadores. A partir de su colaboración en la Gaceta Renana, a los 24 años, recién concluido sus estudios, Marx dedicó toda su labor intelectual y práctica a los objetivos revolucionarios de la clase obrera, y no hay ningún año sabático, ningún viaje de estudios con beca de alguna fundación ¡No! Lo que hay son periodos intensos, como la elaboración de la nueva concepción del mundo, la Revolución de 1848, la Comuna de París, los debates con Proudhon, Bakunin, los nuevos descubrimientos de Darwin, Morgan, que en los intervalos permiten el trabajo de investigación, la abstracción, y la elaboración política. Sus obras son científicas, pasan por varios borradores, antes de ser presentadas a un público definido: la clase obrera. Marx no está pensando en agradar a los editores, en publicar según las tendencias del mercado o las modas académicas, su objetivo es elevar la consciencia de clase y precisamente por ello se topa con la cerrazón de las editoriales.

Tenemos un gran deber los comunistas en el frente ideológico, por publicar y difundir la teoría marxista, por desarrollarla, en correspondencia con la aspiración de nuestro Maestro: la Revolución Socialista.

La concepción materialista de la historia

El materialismo dialéctico, el materialismo histórico, la economía política y el socialismo científico son el resultado del marxismo. Son las armas de la Revolución, las “armas de la crítica” que preceden a la “crítica de las armas”.

Lenin explica muy bien cuáles son las fuentes y las partes integrantes de la cosmovisión proletaria que exponen por vez primera el Prometeo de Tréveris y su querido camarada Engels.

Se produjo no solo un desarrollo, sino una Revolución en la filosofía, pero como resultado del acumulado en el pensamiento, de los saltos previos en la corriente materialista y en la corriente dialéctica. No solo se fortaleció a la corriente materialista en su antagonismo con el idealismo, sino que al conjuntarlo con la dialéctica, que sobre todo Hegel enriqueció, por vez primera irrumpió un pensamiento filosófico completo, dispuesto a interpretar el mundo y transformarlo; ya no una visión parcial del mundo, exclusivamente contemplativa, al margen de los problemas de la humanidad, elitista y expresión de las clases dominantes, sino la cosmovisión que surge de la materialidad del mundo, de su constante movimiento, de su ascenso en espiral, que analiza los fenómenos concatenados, desentrañando la esencia, lo mismo en la naturaleza que en la Historia de la humanidad.

La lucha de clases como motor de la historia, la división de la sociedad en clases, el surgimiento de las clases sociales, como resultado del desenvolvimiento económico y de las fuerzas productivas. Los distintos modos de producción, la explicación científica en lugar de la explicación irracional.

Ni la comunidad primitiva, ni el esclavismo, ni el feudalismo han sido eternos. Tampoco lo será el capitalismo. Cada modo de producción fue superior al anterior. Algo mejor espera a la humanidad con el fin del capitalismo, con la llegada de lo nuevo. Pero ojo, hay una gran advertencia en el Manifiesto del Partido Comunista: cuando lo nuevo no se sobrepone a los caduco puede sobrevenir el hundimiento, la barbarie. El modo de producción capitalista ya agotó su potencialidad y adquirió una lógica destructiva en interés de la ganancia que arrasa con la naturaleza, depredándola, aniquilando especies, alterando el clima, con guerras y terroríficas armas que amagan la existencia de los pueblos y del propio planeta.

Marx y Engels también explican el surgimiento del Estado, su papel como instrumento de la clase dominante, el papel de las masas en las revoluciones sociales y hacen añicos la teoría de los héroes, de los salvadores.

Explican la enajenación/alienación, el papel de la cultura y la ideología, el rol de la consciencia de clase. Explican la organización de una sociedad dada, la base, la superestructura. No cabe duda, toda una Revolución en el pensamiento que anticipa una nueva Revolución, con sus protagonistas, sus objetivos, sus metas, que por primera vez no sustituirá a una clase dominante por otra clase dominante, sino que dejando atrás la prehistoria humana se abren las puertas de su emancipación definitiva.

Es monumental la obra de Karl Marx y Friedrich Engels, pero en base a la concepción que ellos mismos nos enseñaron, fue posible porqué existía ya una base previa, un cumulo de conocimientos humanos, o como el mismo Marx lo explica:  Si podemos ver tan lejos es porqué estamos parados en hombros de gigantes. Su obra por supuesto abarca hasta donde la vida les alcanzó. El capitalismo de libre concurrencia se transformó en capitalismo de los monopolios, el imperialismo, en el que por vez primera se generan guerras generalizadas por el reparto de mercados y territorios, hay desarrollo de la industria, de la tecnología, hay nuevos fenómenos sociales, y en consecuencia hay necesidad del desarrollo del marxismo, lo que hace Vladimir Ilich Lenin. El marxismo-leninismo es el marxismo de nuestra época.

Lenin llevó adelante el enriquecimiento de la teoría marxista en primer lugar enfrentando a quienes buscaban deformarla. La tergiversación es una de las manifestaciones del ataque a la ideología proletaria y surge de los caballos de Troya o los renegados en las filas militantes. Así por ejemplo no debemos pasar por alto esa propuesta de quien fuera militante del PCM y hoy como una “innovación” propone sustituir el concepto marxista-leninista por el de “pensamiento revolucionario”, fusionando al marxismo con el pensamiento crítico, apostasía con que justifica su apoyo acrítico al progresismo, a los BRICS, al bolivarianismo y su renuncia a la Revolución, así como el seguidismo a López Obrador.

El marxismo contemporáneo, el marxismo-leninismo, es el centro del ataque de toda la ideología burguesa reaccionaria y de todas las corrientes pequeñoburguesas.

Los enterradores del capitalismo

El marxismo es la posición teórica y política de la clase obrera. La clase obrera, el proletariado moderno, es el resultado del desarrollo del capitalismo, su “producto más genuino”. Su lugar en el proceso productivo es fundamental para la ganancia de los capitalistas. La fuerza de trabajo es la única mercancía que genera valor, “posee la singular propiedad de ser fuente de valor”. La plusvalía es la base del capitalismo. Son los obreros quienes pueden sepultar al capitalismo, a condición de adquirir consciencia y organizarse/unirse, asumir su objetivo histórico, el comunismo.

En éste asunto Marx fue contundente, y no hay espacio para dobles interpretaciones. Son muchos los malabares de quienes diciendo suscribirlo terminan proponiendo que hay nuevos sujetos, que la clase obrera se redujo, que ya no hay centros fabriles ni ciudades industriales, que hay deslocalización/relocalización de la industria. Así han desfilado estudiantes, feminismos, ambientalismo, minorías étnicas, movimientos, sin poner fin al capital, pero si integrándose a los mecanismos de dominación.

La clase obrera realiza sus objetivos organizada en el partido comunista, que es su parte más avanzada, su vanguardia, portadora de su programa y objetivos, de su estrategia y su táctica.

El internacionalismo proletario

La clase obrera tendrá fuerza unida, unida en su país e internacionalmente. El capital no tiene patria y la fuerza del trabajo es internacional; nos referimos a la solidaridad que debe existir entre las luchas obreras en antagonismo al capital, independientemente del país donde tengan lugar, sobre todo en la época del imperialismo. Además nos referimos a la necesidad de una estrategia unificada para confrontar al capitalismo, deber de los partidos comunistas y obreros en la actualidad. La Liga de los Comunistas, la AIT- Primera Internacional, la II Internacional y sobre todo la III Internacional demostraron que dar ese paso permite una lucha de mayor efectividad.

Rumbo a su VI Congreso el PCM se definirá claramente por esa perspectiva, como una de sus prioridades en el seno del movimiento comunista internacional; trabajar comprometidamente con los partidos comunistas que compartan esa visión de la elaboración de una estrategia revolucionaria unificada. Así somos leales a Marx y Engels, a Lenin, enarbolando la bandera roja del internacionalismo proletario.

Marx y América Latina

La verdad es que después de que la III Internacional cesara sus actividades, varios partidos comunistas cedieron en algunos aspectos a las presiones ideológicas del enemigo. El populismo fue uno de los elementos de mayor penetración en nuestro país y región, debido al rol de la burguesía en la lucha independentista del siglo XIX. Entre los comunistas y marxistas de México fueron integrados como parte de la base ideológica elementos nacional-populistas que degradan la ideología proletaria y políticamente inducen a la sujeción frente a sectores burgueses. Por supuesto que en un momento de la historia la burguesía juega un papel revolucionario, eso el marxismo lo reconoce, pero también que después se transforma en su contrario, pues de partidaria de la subversión del orden establecido (el feudalismo) se transforma en defensora del orden social (el capitalismo).

Marx fue un crítico de Bolívar, con razones fundamentadas. Los argumentos en contra de Marx, por cuadros de los partidos comunistas no son sostenibles pues aluden a que Marx escribió sin conocimiento, o que fue un artículo escrito para obtener recursos para su sobrevivencia. Ambos argumentos no encuentran lugar en la vida de Marx, caracterizada por su profundidad, a tal punto de medir varias veces la tela antes de cortarla, como lo demuestran los diversos borradores, los manuscritos modificados una y otra vez antes de ser publicados, por la existencia de un método para la investigación/abstracción/producción de la teoría, pero también porqué jamás cambió Marx una sola posición por un plato de lentejas, y enfatizamos una vez más que las penurias de él y su familia fueron una consecuencia de la lucha a muerte contra el capitalismo y por el comunismo. Dada la no validez de tales argumentos la opinión de Marx nos proporciona elementos para la reflexión sobre la tendencia a mixturar las ideas marxistas-leninistas con las ideas independentistas, que marcó el programa y la ideología de varios partidos de la región, entre ellos el nuestro por varias décadas, más de medio siglo, y fundamentaba la vía nacional al socialismo, en nuestro caso la vía mexicana al socialismo – de la que nos deslindamos en el IV Congreso del PCM en 2010-2011. Algunos partidos denominan a este asunto teórico-político la cuestión nacional y se basa en la teoría de las especificidades y las particularidades, que no debemos desconocer; el problema viene cuando éstas especificidades y particularidades terminan primando sobre las regularidades y leyes generales de la lucha de clases y el proceso revolucionario, y así queda colocado el tema programático de la independencia y soberanía nacional como lo fundamental, desplazando el antagonismo capital/trabajo y en algunos casos obviándole. La historia del movimiento obrero y del movimiento comunista internacional se convierten así en un elemento accesorio, decorativo de las ideas nacionalistas y populistas, se degrada de facto la ideología marxista-leninista y se afecta el programa, la estrategia y la táctica de la clase obrera en la lucha contemporánea.

Por supuesto que tenemos el mayor respeto por las luchas populares, por ese ciclo decimonónico iniciado en Haití que contra el colonialismo insurreccionó a los pueblos de toda la América. Fueron los pueblos los que derrotaron política y militarmente 300 años de colonialismo español inspirados en las ideas revolucionarias de la burguesía. La pregunta es si esas ideas tienen validez contemporánea, o es una retórica sin contenido revolucionario para la acción política de nuestro tiempo.

Cuando menos en el PCM iniciamos la reflexión, pero sobre premisas irrenunciables, y la primera es que la disyuntiva que planteó Lenin es de vigencia, O ideología burguesa o ideología socialista, que nos conduce a aferrarnos sin concesión al criterio clasista.

La llamada cuestión nacional en la época del imperialismo tiene perspectivas en el poder obrero y la construcción socialista, tal como lo enseña la Revolución de Octubre.

Refutamos las ideas de que Marx era eurocéntrico, argumento de mucha pobreza teórica contra la ciencia de la historia, el marxismo-leninismo.

El comunismo, programa de emancipación

Karl Marx y Friedrich Engels al involucrarse de lleno en la lucha para transformar el mundo reivindicaron el comunismo como el programa revolucionario de la clase obrera para derrocar a las clases dominantes. Con la experiencia de la lucha política obrera se fue enriqueciendo esa percepción, sobre todo con la Comuna de París en 1871.

Marx, el marxismo-leninismo reivindican la necesidad de la revolución, protagonizada por la clase obrera organizada en partido comunista, ejerciendo la violencia revolucionaria para poner fin al Estado burgués. Marx propone la dictadura del proletariado, y ese elemento programático es irrenunciable para cualquier partido comunista; así lo es también para el PCM.

La cuestión del Estado es un elemento central del proceso revolucionario, la toma del poder para destruir la maquinaria estatal burguesa y establecer la dictadura del proletariado, y Marx lo propone claramente, sin lugar a dudas.

Pues bien, la Comuna de París, y luego la Revolución de Octubre de 1917, así como el periodo de la construcción socialista en el siglo XX se dan con base en el ideal de Karl Marx, de Engels, y la contribución de Lenin.

Hay toda una argumentación para separar a Marx de la construcción socialista, a Marx del propio principio que el reconoció como su aporte, la dictadura del proletariado, un tránsito hacia la sociedad sin clases. Y bueno en esa argumentación está la renuncia a la Revolución y al carácter de clase del Partido, así pasó con el oportunismo y el revisionismo de Bernstein y Kautsky, con la corriente eurocomunista y también con manifestaciones contemporáneas del oportunismo que afectan al movimiento comunista internacional.

En el Partido Comunista de México reivindicar a Marx es reivindicar la construcción socialista en el siglo XX, la experiencia de los obreros revolucionarios en el poder, el control obrero, la socialización de los medios de producción, la economía planificada, el combate constante a las relaciones mercantiles.

Nuestro homenaje a Marx en su bicentenario tiene que ver con asumir su propuesta política y trabajar sin descanso por el triunfo revolucionario de la clase obrera.

@comunistamexico
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