Partido Comunista de México
Contacta a los comunistas

 

partidocomunistademexico@gmail.com

 

V Congreso del PCM

 

IV Congreso

FJC

Comunistas en Twitter

Comunistas en Twitter

La causa de la Revolución de Octubre vive y triunfa

G. Ziuganov

Presidente del CC del PCFR

 

El 7 de octubre de 1917 es la fecha crucial en el calendario de los importantísimos acontecimientos del siglo XX: aquel día se realizó la Gran Revolución Socialista de Octubre que abrió las vías hacia la edificación de una sociedad sin guerras, violencia y opresión para toda la Humanidad. Esta sociedad que nació inicialmente en Rusia hoy es el objetivo a que aspiran muchos pueblos. El nuevo siglo marcará la vida de todas las naciones por la aspiración de plasmar los claros ideales en aras de los cuales hacían la revolución nuestros padres y abuelos. 

 

Las revoluciones no se hacen por encargo. La Revolución de Octubre no fue un “experimento” teórico sino una oportunidad real y única para Rusia de asegurar su autoconservación estatal y nacional en la situación de la bancarrota militar, política y económica, de la desintegración territorial y la incapacidad social total del bloque latifundista-burgués gobernante.  

 

La Revolución de Febrero que fue sorpresiva para la mayoría de las fuerzas políticas se convirtió en el punto culminante de la crisis de todo el sistema político-social antiguo de Rusia y no era, ni mucho menos, su principio. Si tomamos las esferas clave para la vida de cualquier estado y pueblo, ya hacia 1917 ellas atravesaban una durísima crisis o quedaron destruidas completamente.

 

La Revolución de Octubre contribuyó al auge del movimiento revolucionario en todo el mundo. “¡Las manos fuera de la Rusia Soviética!”, esa fue la consigna de la amplia campaña de solidaridad de las fuerzas progresistas del mundo con la joven república. Si los gobiernos burgueses trataban de asfixiar la revolución, el proletariado mundial por el contrario respaldó a los pueblos de Rusia en la lucha contra la agresión del capital y la intervención extranjera. En varios países fueron emprendidos esfuerzos heroicos de instaurar el poder de los trabajadores. La Revolución de Octubre de 1917 también fue el catalizador de la lucha de emancipación nacional en el Oriente –China, India, Mongolia, Turquía-,  y en los países de África.

El viraje de la historia

 

La lucha se libró por las diferentes vías de realización de las mismas necesidades que habían madurado objetivamente. V.I. Lenin no negaba una posibilidad de principio de la vía “burocrático-reaccionaria” de la restauración de un poder estatal fuerte, de la integridad del país, el resurgimiento de su economía. Pero siempre señalaba que los bolcheviques luchan por la vía “democrático-revolucionaria” de solución de estos problemas como la más adecuada a los intereses de la mayoría del pueblo mediante la emancipación de la iniciativa y la autogestión de las amplias masas populares.

 

Las personas inteligentes y perspicaces existen en todas las clases y capas sociales. A medida de que se agudizaba la crisis, la necesidad e inevitabilidad de las medidas urgentes se hacía evidente para todos los políticos que se orientaban, aunque sea lo mínimo, en la situación. Así, en la noche a la víspera de la insurrección en Petrogrado uno de los líderes de los mencheviques Dan vino al Palacio de Invierno y en nombre de muchos miembros del Consejo Provisional de la República Rusa (del llamado Preparlamento) convencía a Kerenscki de que empezara sin demora, promulgando decretos del Gobierno Provisional, la solución práctica de los problemas de paz y de tierra. Kerenski rechazó la propuesta.

 

En otras palabras, las posibilidades de implementar las transformaciones burocrático-reaccionarias, es decir la “revolución desde arriba”, cuyo conductror y personificación era en su tiempo Stolypin, fueron agotadas por completo en Rusia.  Las clases gobernantes de la vieja Rusia tenían la oportunidad de resolver las mismas tareas a su estilo, pero no supieron aprovecharla y tuvieron que abandonar el escenario. Junto con ellos también desapareció el viejo estado.

 

El derecho al poder se podia conseguirlo sólo en la libre competencia de las diferentes fuerzas políticas tras granjearse el apoyo de la mayoría de la población, o sea superando o minimizando por lo menos la división social.

 

Los Sóviets lograron hacerlo y es un hecho histórico. El intento de las demás fuerzas de refutarlo por vía armada en el curso de la Guerra Civil fue infructuoso, lo que confirmó una vez más el carácter legítimo del Poder Soviético. 

 

 

El Gran Octubre salvó la estatalidad de Rusia

 

La Revolución de Octubre marcó el inicio de una nueva reunificación del Estado ruso

 

Hoy está de moda el incriminar a los bolcheviques y a Lenin el hecho de que “dividieron” un país “unido e indivisible” en repúblicas nacionales. Que nos perdonen, pero la división se produjo no en 1922 sino en verano de 1917. Por ejemplo, Polonia obtuvo la independencia de manos del Gobierno Provisional inmediatamente después de la Revolución de Febrero. En Ucrania, La Rada Central encabezada por Vinnichenko ya hacía lo mismo lo que repitió Kravchuk en 1991. Así fue en todas partes, desde los países del Báltico hasta Turkestán. El Imperio Ruso como comunidad de naciones no dejó de existir como resultado de la Revolución de Octubre. En esas condiciones recayó sobre Lenin la solución del problema de restablecimiento de la unidad estatal nacional del Imperio Ruso. Encontró y propuso la fórmula de la unión de las repúblicas iguales en derechos que ya existía en aquel momento.

 

El resultado de la Revolución de Octubre y la Guerra Civil es victoria del modo democrático-revolucionario de la salvación y reunificación de Rusia contra el modo burocrático-reaccionario.

 

Es la combinación única de circunstancias que la obligó a Rusia a caminar por la vía de desarrollo socialista a pesar de la inmadurez de muchas “premisas del socialismo” sobre todo en el terreno económico.

 

El país fue salvado. Empezó la construcción de una sociedad nueva. La primera preocupación del Poder Soviético fue abrir a todos los ciudadanos el acceso a la educación. La escuela abrió sus puertas a todo el mundo, los institutos y las universidades a los más capaces, no a los más ricos. El pueblo soviético se convirtió en el más instruido y el más lector del mundo.

 

El grandioso plan GOELRO aseguró para el país la energética más moderna, cambió bruscamente la vida y las tecnologías industriales. En los plazos breves fueron creados los sectores de industria modernos que no existían en la Rusia zarista. El país podía producir por su propia cuenta todo lo necesario para el desarrollo y el progreso, para defenderse frente a una agresión externa.

 

El derecho al trabajo no se garantizaba con hueras palabras sino con la creación de los nuevos puestos de trabajo, el derecho al descanso, con el traspaso de los palacios y las mansiones de los ricos en propiedad del pueblo trabajador.  

 

En el país aparecieron nuevas ciudades, a ritmos insólitos de construían viviendas, de los pabellones obreros, sótanos y barracas  la gente se mudaba a los apartamentos confortables.    

 

Los teatros y las salas de conciertos se abrieron a todos. En los palacios de cultura y los clubes rurales cada persona podía expresar sus talentos y capacidades.

 

Los niños eran la única clase privilegiada del país. Ya la primera generación soviética creció educada, fuerte, sana y patriótica y logró quebrantar la máquina bélica más poderosa del mundo: el ejército fascista que recibía armas y alimentos, equipo bélico y recursos de Europa. La Gran Victoria fue el triunfo y la mejor prueba  del poderío del régimen soviético. La Bandera roja con estrella, hoz y martillo se erigió sobre el Reichstag sucumbido.

 

En los años de posguerra, el Poder Soviético en los plazos más breves restableció el país arruinado, y fue el primer país ente los estados participantes en la guerra en abolir el sistema de cartillas de racionamiento. Salvó al país y el mundo de una amenaza mortal habiendo creado el escudo militar  coheteril.  Usó el átomo con fines pacíficos, al construir la primera central eléctrica atómica y el primer buque atómico.  Apenas catorce años después de una dura Guerra el lanzamiento del primer satélite artificial abrió a la Humanidad el camino a las estrellas. La asistencia médica y la educación gratuitas, la expansión de la construcción de viviendas y los precios estables, la salud moral de la sociedad y una cultura  alta eran valores fundamentales que aseguraban el crecimiento demográfico, y cada ciudadano estaba seguro del presente suyo y el de sus hijos.

 

Los pueblos de la Unión Soviética vivían en amistad y concordia, se celebraban millones de matrimonios internacionales, se cuidaba esmeradamente  la herencia cultural y las tradiciones de cada pueblo. El poderío de la Potencia Soviética nacido al calor de la Revolución de Octubre permitía preservar la paz en la Tierra, contener las ambiciones de los imperialistas y no dejar imponer el dictado de la “democracia de bombas”.

 

Pero el régimen social de la justicia y las oportunidades iguales, de la hermandad de los pueblos y el trabajo creador no les gustaba a todos. Los enemigos del socialismo, del régimen soviético, ocultando hasta cierto momento su codicia y deseando parasitar sobre el trabajo ajeno se infiltraban en los órganos supremos del poder. Recurriendo a la demagogia, la palabrería, las promesas mentirosas y engaño despojaron al pueblo de todos sus logros. Al apelar a las características mas viles del ser humano  -la codicia, envidia y nacionalismo-  destruyeron el país, azuzaron a unos pueblos contra los otros en las guerras y los conflictos. Rusia en su desarrollo fue arrojada hacia el pasado para muchos decenios.

 

Al borde del abismo histórico

 

En los años de gobierno Yeltsin-Putin Rusia ha perdido el potencial económico, defensivo, científico-cultural e informativo que es necesario para llevar a cabo la política correspondiente a su situación y sus intereses nacionales. También perdió a aliados dispuestos a respaldarle en la arena internacional. Nunca antes en su historia moderna Rusia era tan débil y aislada como ahora. Estamos pagando el precio de la política antinacional que después de 1991 llevó a cabo Yeltsin y ahora continúa Putin apoyándose en los dóciles miembros de “Rusia Unida”.

 

El partido gobernante marcha camino a la dictadura. Bajo los pretextos del “fortalecimiento del la vértebra del poder” se conculcan los derechos humanos. El Consejo de la Federación se ha convertido en un órgano decorativo. Los ciudadanos fueron privados del derecho de elegir a los dirigentes de las regiones. A los gobernados designados por Moscú los intereses de las estructuras de negocio les son más cercanos que los de la población. El Poder no acepta dialogar con la sociedad.

 

Se ha instaurado el terror informativo. Los medios de comunicación libran una verdadera guerra contra el juicio sano. Como resultado, el pueblo indigente y que viene desapareciendo confía muy a menudo a las palabras, no los a los hechos y actos. Aunque las reformas liberales fracasaron muchos están dispuestos a votar por la “estabilidad” de Putin. Y se olvidan del submarino “Kursk” perdido y la estación orbital “Mir” hundida en el océano. Así como de la tragedia de “Nord-Ost” y el atentado terrorista en Beslán, de las pérdidas de la población comparables con las bajas sufridas por Rusia durante la Primera Guerra Mundial, el analfabetismo cada vez mayor entre los niños rusos y la falta total de la espiritualidad.  

 

Toda esta construcción monstruosa del poder se apoya en la voluminosa bolsa de dinero, la jeringa informativa y las porras de los destacamentos especiales de Policía.

 

No es casual que la actitud de Occidente en cuanto al discurso de Putin en Munich y otras declaraciones briosas es bastante cínico. Que hable y hable, consuele a los electores rusos que recuerdan con nostalgia los tiempos de la Gran Rusia y la Unión Soviética. Ya que en realidad el Kremlin nada puede hacer para corregir la actual situación de vejación y humillación. Por eso, como suponen en Washington y Bruselas, Rusia seguirá marchando a la zaga de su política. Los proyectos y programas nacionales de Putin y de “Rusia Unida” promulgados con tanta pompa necesitarán muchos años para ser plasmados. Las consecuencias de su realización, debido al alcance insuficiente y no sistémico de los pasos previstos, es poco probable que fortalezcan las posiciones internacionales de Rusia. Todos esos proyectos serán a lo mejor una herramienta cómoda para repartir la torta del presupuesto estatal y el Fondo de Estabilización, no los medios para sacar el país de una profunda crisis sistémica. Es claro que la mayor parte de recursos asignados sencillamente será robada por los “propietarios eficientes” y el aparato estatal corrupto.

 

Nos siguen hostigando y discriminando. Desde Occidente avanza hacia Rusia la apisonadora de la OTAN que actúa codo a codo con la Unión Europea. Sobre nuestro Lejano Oriente se cierne Japón que sigue presentando reclamaciones territoriales y no sólo tiene pretensiones sobre las cuatro islas de las Kuriles del Sur sino también de vez en cuando insinúa que podría tratarse de algo mayor.

 

Tampoco reina la tranquilidad en la zona meridional. Irak y Afganistán están desgarrados por una guerra que parece infinita. No se trata de la terminación sino de la continuación y la escalada del conflicto en esa región. Existe la amenaza de su expansión a Irán y Siria. Se agudizó bruscamente el problema palestino.

 

Por detrás de todo ello, en el Oeste, el Este y el Sur se hallan los Estados Unidos. Sus dirigentes actuales pretenden gobernar en el mundo, es decir, gobernar globalmente bajo la cobertura de la lucha contra el terrorismo e implantar la democracia al estilo norteamericano, exportar el modo de vida norteamericano recurriendo a la fuerza, violando burdamente las normas y los principios del Derecho Internacional. Es abominable que esa política imperialista abierta del saqueo de otros países y pueblos, del chantaje contra ellos y la violencia directa se camufle con los hipócritas argumentos de la defensa de los derechos humanos, los valores democráticos e, incluso, con los designios de Dios y el Evangelio.    

 

¡Existe tal fuerza!

 

¿Existe una salida de ese atolladero al que los “demócratas” colocaron el país?  Si la hay. Son las ideas, los valores y las experiencias del Octubre.

 

Se desarrolla impetuosamente la gran China que es inspirada por los éxitos y realizaciones de nuestra Revolución. A lo largo de 28 años mantiene el primer puesto en el mundo por los ritmos de crecimiento. Al lado de nosotros está la hermana Bielorrusia que es más cercana a nosotros por los destinos y la mentalidad.  La sabia y perspicaz dirección del presidente A. Lukashenko salvó el país de los falsos “reformadores”. No es grande la república pero cada octavo tractor en el planeta fue fabricado en Bielorrusia. Cada tercer camión de gran carga es de la empresa “Belaz”. Las neveras de Minsk y las estufas de Brest son conocidas en todo el mundo. Todas las empresas creadas durante los años del poder soviético siguen funcionando a toda marcha de sus capacidades. La calidad de los productos bielorrusos son incomparablemente mejores que los rusos  donde los capitalistas en su carrera en pos de las ganancias falsifican cualquier cosa, desde el pan hasta el vodka.

 

No se parecen la pequeña Bielorrusia y la inmensa China, pero tienen algo en común. Es el poder del pueblo y en intereses del pueblo, no del capital. Y es la principal herencia del Gran Revolución Socialista de Octubre cuyo 90 aniversario estamos celebrando.

 

Y habida cuenta de que Bielorrusia no tiene gas, petróleo, oro o diamantes. Pregunten a los habitantes de las provincias limítrofes con Bielorrusia sobre dónde vive mejor la gente. Les responderán que en Bielorrusia. Es una sentencia a nuestro régimen actual. Por eso se enfurece, día y noche está buscando como causar daño a Lukashenko, evitar el cumplimiento de compromisos del acuerdo de creación del estado unificado.

 

Exigimos que se ponga fin a tales prácticas. Dejar de chantajear a Minsk, reñir con los bielorrusos sobre quién será el presidente y quién el vice-presidente del estado unificado, echar el ojo a las fábricas y empresas bielorrusas. Existen los acuerdos de la creación del estado unificado, pues tengan la bondad de cumplirlas. Tengan la bondad de crear el órgano único de administración de tal estado, unificar la defensa, la política exterior, las aduanas, homologar las leyes. Porque el Occidente se desvive por separar a Bielorrusia de Rusia y derrocar el gobierno que allí existe, incorporar a Bielorrusia en la OTAN y la UE.

 

Hay que poner decididamente fin a esos planes, proteger a Bielorrusia contra los planes agresivos del Occidente. El  PCFR considera que la creación del estado unificado es tarea impostergable de la política exterior rusa. En general es una de las cuestiones cardinales para garantizar la seguridad y los intereses geopolíticos de Rusia.

 

El mundo del siglo XXI se radicaliza cada vez más rápidamente, las ideas del Gran Octubre las vuelven a comprenden cada vez más profundamente las nuevas generaciones. Y cada vez más clara es la idea de que el capitalismo salvaje es sinónimo de la destrucción de la humanidad.

 

Todas las experiencias de la lucha leninista por el desarrollo pacífico de la revolución fue estudiada de una forma muy atenta por el Partido Comunista de la Federación Rusa y constituyó la base de su estrategia y táctica moderna.

 

Hoy, como en 1917, nuestro país de nuevo afronta el problema de supervivencia estatal nacional, de la necesidad de adoptar para ello un conjunto de medidas que no tienen alternativa. Siempre hablamos de ellas y son bien conocidas.  

 

Es, en primer lugar, el cambio de la política económico-social que esté orientada a estimular la producción nacional, restablecer los derechos patrimoniales de los colectivos laborales y derechos sociales de los trabajadores.

 

Es, además, la instauración de la forma soviética del poder del pueblo de arriba abajo, el aseguramiento del control y la rendición de cuentas del ramo ejecutivo del poder ante el ramo legislativo.

 

Y, por fin, es la restauración de las posiciones internacionales independientes y de la soberanía auténtica de Rusia, lo que exige dar pasos concretos en el resurgimiento del estado federal único sobre la base de voluntariedad.

 

En pocas palabra, nos tocará resolver tareas muy parecidas a las de hace 90 años.  Sin embargo, existen también diferencias. Son las siguientes: si la Revolución Socialista de 1917 podía ser realizada tanto por vía armada como pacífica ahora relacionamos directamente la supervivencia estatal nacional y el renacimiento de Rusia con la conservación de la paz cívica, interétnica e internacional.

 

La revolución socialista podrá sobrevivir solo en caso si encuentra fuerzas para romper el círculo vicioso que surge con los intentos de superar el elemento pequeñoburgués valiéndose también de medios pequeñoburgueses, es decir la coerción directa. Al caos que amenaza a hacer pedazos del edificio de la civilización tiene que oponerse el orden, pero no el orden restringido en el marco de un cuartel primitivo sino que encarne todos los aspectos, diversidad y carácter multifacético de la vida, lo que se expresa en la idea universal de la armonía.

 

Esta faceta de la herencia leninista no se recordaba con frecuencia en los últimos decenios pero representa la parte integrante de la teoría de Lenin sobre la revolución social y de su práctica revolucionaria. Sí, Lenin podía ser decidido, duro y riguroso y comprendía que hay periodos cuando es necesario aplicar la violencia revolucionaria inevitable si urge salvar al pueblo y la sociedad de la catástrofe. Pero el comprendía mejor que cualquier revolucionario de su época la terrible amenaza de acostumbrarse a la violencia aunque fuese inicialmente la más justificada. Es la amenaza de su transformación imperceptible en la espontaneidad antipopular incontrolada que origina la reacción en cadena del mal. En sus últimas cartas dirigidas al congreso del partido Lenin habla directamente de ello.

 

Las ideas y causas del Gran Octubre viven y de nuevo triunfan

 

Los anticomunistas en Rusia y Europa están silenciando por todos los medios el hecho de que las ideas del socialismo ejercen una influencia muy benéfica en el destino de varios países que todavía hace medio siglo eran colonias o semicolonias. Hoy los éxitos de China no sólo son irrefutables sino que se perciben como algo lógico. Pero hay que recordar que apenas 60 años atrás (un plazo miserable en la dimensión histórica) este país estaba desarticulado y el pueblo chino con sus tradiciones riquísimas de varios milenios de años vivía bajo el feudalismo. Fue el partido comunista aquella fuerza modernizadora que colocó al país en las posiciones de uno de los líderes mundiales.

 

Los procesos parecidos sucedían y suceden en Vietnam que en los años 60-70 infligió una dura derrota militar al imperialismo norteamericano. Los procesos interesantes se desarrollan bajo la influencia de las fuerzas de izquierda en Laos. En India, el partido comunista forma parte de la coalición de las fuerzas gobernantes. El presidente del Parlamento Nacional de India es comunista. Eso, dicho sea a propósito, muestra el grado de influencia de nuestros camaradas en ese, uno de los más poderosos países del mundo.

 

Nuestros camaradas en otros países, ante todo en Asia, encuentran formas nuevas y eficientes de la construcción de la sociedad socialista. Es un ejemplo de enriquecimiento mutuo de las ideas de los partidos que trabajan en diferentes condiciones. Los comunistas de China y Vietnam han estudiado de manera creadora las experiencias soviéticas aprovechándose de lo más valioso y al rechazar las actitudes que refutó la misma vida. Así mismo estamos estudiando con atención las experiencias de nuestros amigos para utilizarlas tomando en cuenta las condiciones en que se halla Rusia como resultado de las “reformas de mercado”.

 

En los países donde los partidos comunistas son gobernantes o participan en la administración del Estado, vive casi un 40 % de la población del planeta. Casi una mitad de los habitantes de la Tierra optan conscientemente a favor del socialismo. ¡Es la prueba contundente de la fuerza vital de las ideas del socialismo! Los éxitos de nuestros amigos confirman que el socialismo no es el pasado de la Humanidad sino su perspectiva.

 

* * *

Es esto que deberemos mostrar muy firme y claramente a la gente en el curso de la celebración del 90 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Minsk y Moscú, en la que participarán muchas decenas de delegaciones de los partidos hermanos de todo el mundo, al subrayar que el fututo  -el siglo XXI-  le pertenece al socialismo en aras del cual en nuestra lucha tenemos que entregar todas nuestras fuerzas, conocimientos y fe.

 

¡Les felicitamos con la fiesta, queridos camaradas, con la fiesta del Gran Octubre que abrió una nueva vía a la Humanidad! ¡Solamente en esta vía se encuentra el renacimiento, la fuerza y la grandeza de Rusia, la prosperidad y el bienestar de su pueblo!

 

Bajo la bandera roja del gran Octubre, bajo la bandera roja de la gran Victoria vamos a las elecciones en el año del aniversario.

 

–¡Ellos, tienen miles de millones de dólares, nosotros, a millones de personas!

 

– ¡En nuestra unidad radica la fuerza!

 

– ¡Triunfa la causa del Octubre, triunfará el pueblo!

 

En nuestras filas militan políticos experimentados y excelentes profesionales. Saben como trabajar y anhelan trabajar, son capaces de hacer renacer el país. La justicia social, la igualdad de oportunidades, la hermandad de los pueblos, el trabajo liberado de la explotación, la preocupación por los niños y veteranos son nuestros valores básicos. Podemos y debemos resurgir sobre una nueva base y seguir desarrollando todo lo mejor que teníamos en los últimos decenios de nuestra historia. Todos juntos, con fuerzas mancomunadas, sabremos construir una vida mejor para nosotros mismos y nuestros hijos. ¡Juntos, triunfaremos!

 

 
Solidnet

Web de El Comunista

RCI

Otra forma de seguirnos

El Machete